Crear glosario y base terminológica
Comience con una base terminológica central que contenga todos los términos especializados, nombres de productos y marcas relevantes. Defina para cada entrada la traducción preferida, junto con el contexto, la categoría gramatical y la fuente. Utilice herramientas como SDL MultiTerm o memoQ-TB para gestionar los términos en varios idiomas. Asegúrese de que la base terminológica se actualice periódicamente con nuevos términos de proyectos en curso. Una clara responsabilidad en el mantenimiento evita incoherencias. Registre también sinónimos y alternativas prohibidas para evitar errores de traducción.
Crear lista de elementos no traducibles
Registre todos los elementos que deben mantenerse en su forma original: nombres de productos, eslóganes, denominaciones legales, logotipos de marcas, abreviaturas o términos técnicos específicos. Determine para cada entrada si debe tomarse sin cambios o solo transliterarse. La lista debe estar integrada en la guía de estilo o en la base terminológica y ser accesible para todos los traductores y revisores. Al actualizar, verifique si se añaden nuevos términos. Una lista de elementos no traducibles evita modificaciones no deseadas y preserva la identidad de la marca.
Definir la tonalidad y el tratamiento
Determine para cada idioma de destino si el tratamiento debe ser formal (usted) o informal (tú). Tenga en cuenta las diferencias culturales y la personalidad de la marca: una marca de moda juvenil puede hablar de manera diferente a un proveedor de software B2B. Además, defina el tono: objetivo, emocional, humorístico o autoritario. Documente ejemplos de formulaciones permitidas y evitadas. La guía de estilo también debe cubrir aspectos de género, por ejemplo, si se usa lenguaje inclusivo o qué alternativas neutras se emplean. La coherencia en la tonalidad fortalece la percepción de la marca.
Garantizar la coherencia en todos los idiomas
Utilice memorias de traducción y bases terminológicas para identificar repeticiones y garantizar traducciones uniformes. Realice controles de coherencia periódicos, ya sea automatizados mediante herramientas de QA o manuales con revisores. Preste especial atención a términos clave, eslóganes y CTA. Un documento central de guía de estilo, vinculante para todos los idiomas, ayuda a minimizar desviaciones. Comunique los cambios oportunamente a todos los implicados. La coherencia no es un objetivo puntual, sino un proceso continuo.
Mantenimiento y actualización de la guía de estilo
Una guía de estilo solo vive si se actualiza con regularidad. Designe a un responsable o equipo que documente los cambios y apruebe nuevas entradas. Planifique revisiones trimestrales o semestrales para eliminar reglas obsoletas o incorporar nuevas. Incorpore los comentarios de traductores y revisores, ya que detectan rápidamente las lagunas en la guía. Asegúrese de que todos los implicados (agencias, autónomos, equipos internos) utilicen siempre la versión actual. Un historial de versiones garantiza la trazabilidad.